CARTAS PARA GENTE MUY OCUPADA | CARTA NÚMERO 2
"Trabajador
del amor humano"

Hay cuatro aspectos vitales donde el varón, el padre, es necesario para el armónico desarrollo de los hijos y la convivencia social.

1. Introduce al niño en el mundo real, cortando la relación simbiótica con la madre, esta tarea que a priori suena poco gratificante es vital para que cada uno recupere su lugar. Cuando la mujer se ve beneficiada por este involucramiento del padre, recupera su lugar de madre y de mujer, volviendo a ser ella misma y permitiendo que el niño sea él mismo. Si el varón no interviniera en este aspecto la fuerza del vínculo es tan potente en orden a la subsistencia que ambos seguirían siendo uno y eso no les dejaría el lugar que cada uno tiene que ocupar.

2. Permite la seguridad en sí mismo y por lo tanto desarrollar habilidades para el aprendizaje. El padre de alguna manera es "quién abre la puerta al mundo". La madre prepara el terreno, pero es el padre quién lleva al niño hacia el exterior. En este sentido la participación del padre en las tareas escolares es clave y garantiza resultados académicos. Cuando decimos involucrarse implica, no sólo las tareas, sino también los actos, entrevistas y todo aquello que hace a la vida escolar.

3. Enmarca al niño en un contexto de vivencia de los propios límites para poder aceptar los límites externos y así vivir conforme a la ley (adaptación a las normas). Uno de los temas de mayor preocupación social en nuestro país y en el mundo, es la inseguridad asociada al delito.
Parece increíble que existiendo muchísima investigación y bibliografía sobre la función paterna y el delito (destacamos en Argentina al Dr. Ricardo Chouhy) no se tome en serio como política de estado trabajar en estos vínculos como una posibilidad cierta y concreta de prevención de conductas antisociales, ya que está absolutamente demostrada su causal directa cuando existe una disfuncionalidad en el vínculo entre los padres y los hijos.

4. Educa la capacidad de regular los impulsos, dicha capacidad previene adicciones.
Cuando entramos en el terreno de las adicciones comienza un lugar difícil donde en general nos asustamos y preferimos ni hablar de ello. Justamente es la primera señal de alarma el sentirnos ajenos, a una conducta que puede involucrar a cualquiera.

Esta función normativa es lo que comúnmente se llama desarrollo de la autonomía. La función normativa se expresa aquí pero en su acción preventora de los impulsos inmediatos, producto de la vivencia y tolerancia de los límites vividos en el hogar.

Que les parece entonces, queridos padres (o futuros padres), si nos ponemos algunos objetivos asociados a nuestro rol, indelegable e irremplazable y nos quitamos de encima el cliché (muy antiguo por cierto) de que sólo se trabaja cuando se lo hace profesionalmente. Veamos algunos trabajos que podemos realizar este fin de semana.

  • Alguna vez, ¿preparamos las mochilas y las carpetas junto a nuestros hijos luego de las vacaciones de invierno? ¿Quién dijo que eso sólo le corresponde a la madre?
  • Podemos organizar (nosotros los padres, nada de mamá) este fin de semana alguna serie de acciones que favorezcan la autonomía y el ejercicio de las responsabilidades según las edades (cortar el pasto, realizar un asado, pintar un cuarto, ordenar y clasificar la ropa de los placares, decorar algún rincón de la casa)

Si, nos va a llevar tiempo en el fin de semana, y dedicación, pero no olvidemos que somos gente muy ocupada, y antes que nada, trabajadores del amor humano.


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